Museo Histórico de Cera

Museo Histórico de Cera


buenos aires - argentina

Alerta

Programas Educativos: Nivel Inicial, primario y secundario. De Marzo a Diciembre.

Las visitas utilizan diferentes soportes educativos a lo largo del recorrido, complementados con contenidos especialmente diseñados para que el alumno pueda profundizar los conceptos previamente trabajados en el aula.

Informes

Dr. Enrique Del Valle Iberlucea 1261
(a 10 metros de la Calle-Museo Caminito).
La Boca. (C1160ABM).
Buenos Aires - Argentina.

Directo (5411) 4301-1497 / (5411) 4303-0563
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Horario de invierno:
Abierto de lunes a viernes de 11.30 a 18 hs. Sábados, domingos y feriados de 11 a 18 hs.

Horario de verano:
Abierto de lunes a viernes de 11.30 a 19 hs. Sábados, domingos y feriados de 11 a 20 hs.

El lunfardo

Como consecuencia de la inmigración masiva que caracteriza el período que va desde mediados del siglo pasado hasta la mitad del presente, la cultura argentina de hoy resulta modificada por las costumbres de los europeos y en particular las de los italianos. La gran incidencia que tuvieron los rasgos culturales italianos en este proceso de asimilación tiene principalmente dos razones.

La primera es de carácter cuantitativo y se explica mirando los datos estadísticos del proceso inmigratorio. La idea de una repoblación de Buenos Aires se sostiene en las cifras demográficas y en los porcentajes de inmigrantes que en 1914 alcanza el valor del 49 por ciento. Casi 12 millones de descendientes de italianos, emigrados cuando Europa no podía saciar sus poblaciones, llevaron valores y tradiciones que representaban todo lo que quedaba en sus manos y también la base sobre la cual construir y cambiar gradualmente sus propias costumbres, según lo que se les presente en el nuevo mundo.

La segunda es de tipo cualitativo y concierne a las semejanzas entre los elementos culturales que entran en contacto. Tener raíces comunes, como en este caso el hablar una lengua de derivación latina, es un catalizador para una fusión de valores porque contribuye a derrumbar las barreras culturales y los prejuicios. Suele decirse con razón que no hubo en Buenos Aires un proceso claro de asimilación de tipo tradicional; esto es, cuando una sociedad receptora sólidamente constituida desde el punto de vista socio demográfico recibe migraciones externas y les impone un sistema cultural más o menos uniforme. En tales casos tradicionales, los inmigrantes deben sufrir un proceso de adaptación a la situación preexistente y, en muchos casos, constituyen una minoría étnica. El camino entonces fue inverso, la existencia de ciertos ámbitos de integración (barrio periférico, escuela nacional obligatoria y gratuita, ciertas formas de expresión artística,etc.) que fueron borrando paulatinamente las diferencias culturales está comprobada por varios especialistas, como Francis Korn y James Scobie; así que más que asimilación lo que hubo en Buenos Aires fue fusión lisa y llanamente. Los estilos de vida que los inmigrantes iban a aprender no revolucionaban completamente los valores sedimentados y por lo tanto los viejos modelos de vida no se perdían, servían de puente hacia los nuevos.

Siguiendo una perspectiva histórica podemos decir que el fenómeno inmigración se coloca en un período en que la Argentina se estaba organizando y consolidando como estado. El país entró en una etapa de crecimiento económico basado en la exportación de productos agropecuarios y la clase dirigente decidió que había que insertarse en el mercado europeo, cuyas necesidades fueron especialmente que se los proveyera de materias primas, como lana, carne, cereales, etc. (por eso la zona del litoral, que en un primer tiempo era más atrasada con respecto al interior, gracias a la presencia de los puertos comerciales, fue el motor de la economía argentina).

Para llevar a cabo este objetivo era indispensable cambiar la estructura económica Argentina, y nada mejor que tomar como ejemplo a Estados Unidos. El inicio de la modernidad en el país trajo consigo nuevos valores y problemas propios como el surgimiento de nuevos sectores sociales: la clase obrera, la burguesía industrial y las capas medias; a los que se sumaron grandes cantidades de inmigrantes europeos (en su mayoría italianos y españoles).

Respecto a las condiciones receptivas de América latina, luego del período prohibitivo colonial, los liberales del siglo XIX fomentaron la inversión extranjera y la inmigración, especialmente la europea que llevaría experiencia y la tecnología (el inmigrante ideal del Facundo de Sarmiento). El inmigrante era parte de la política poblacional de las repúblicas agrarias de América Latina, puesto que se concebía que la abundancia de ciudadanos simbolizaba grandeza.

Puede decirse que hasta la independencia, el interior era la parte más poblada y rica. El litoral, más atrasado y pobre, comenzaba apenas su expansión. Las fronteras internas del país ceñían aún estrechamente la región pampeana y el norte santafesino. El sur de Buenos Aires, Córdoba, San Luis y Mendoza, y toda la pampa y la Patagonia eran inhóspitos, como también, hacia el norte, El gran Chaco y Misiones. Sólo los aborígenes, cuyas cifras no alcanzaban a la vigésima parte de la población total, vivían fuera de esos límites.

Ese carácter desértico e inexplorado del territorio argentino fue el punto de partida de todos los proyectos de transformación nacional. Los políticos de la época reclamaban más hombres fuertes para poblar las tierras asoladas por los indígenas. Juan Bautista Alberdi al preparar las bases jurídicas de la nación reafirmaba la idea:"En América, gobernar es poblar". Colonizar el desierto y hacer producir la tierra era el paso eneludible para llegar a ser un país independiente. Así pensaron también los constituyentes en Santa Fe en 1853, cuando otorgaron derechos a todos los habitantes, sin distinción de nacionalidades.

Se hicieron grandes obras públicas como las instalaciones de agua corriente y de salubridad, se expandió la red de ferrocarriles, se construyeron edificios públicos y viviendas privadas, y por esto comenzaron a llegar miles de inmigrantes quienes trasformaron la sociedad tradicional con nuevas pautas culturales. La mayoría de ellos se hacinaron en las grandes ciudades y no en el campo, se calcula que nueve de cada diez inmigrantes se instalaron en la región litoral-pampeana, y en la ciudad de Buenos Aires quedaron de dos a tres de cada diez de los que llegaban al país.

En algunos países de América Latina, como México y Perú, el pasado colonial ha dejado profundas huellas culturales, en otros, como Argentina y Uruguay - marginales con respecto a los centros históricos del imperio español - la herencia cultural tiene raíces menos profundas. Sin embargo en todos los países hispanoamericanos se manifiesta, con mayor o menor intensidad, un rechazo del pasado colonial y una consolidación de la nueva identidad nacional.

Al desembarcar el inmigrante se introducía en un proyecto de identidad nacional en que él constituía un factor teóricamente activo aún antes que su presencia fuese real. Lo que diferencia la Argentina, por lo tanto, es la mezcla entre los argentinos y los italianos.

En la perspectiva socio-cultural el proceso que se manifiesta expresa una amalgama, una interrelación cultural y una fusión étnica; esto sucede con la penetración de la lengua del inmigrante en la literatura. A fines del siglo pasado Buenos Aires fue parangonada frecuentemente con una torre de Babel: "promiscuidad de tipos y promiscuidad de idiomas. Aquí los sonidos ásperos como escupitajos del alemán, mezclándose impíamente a las dulces notas de la lengua italiana; allí los acentos viriles del inglés haciendo dúo con los chisporroteos maliciosos de la terminología criolla; del otro lado las monerías y suavidades del francés, respondiendo al ceceo susurrante de la rancia pronunciación española".

La literatura argentina en los años que van desde 1870 hasta 1930, reproduce el complejo proceso de asimilación de la temática, de la lengua, de los contrastes culturales, provocados por el fenómeno inmigratorio. Desde la década del 50, en la literatura, en la música popular (el tango), en los mass-media (dramas radiofónicos, historietas) y en el cine, el inmigrado sigue cubriendo papeles notables. El lenguaje del italiano y el mismo lenguaje del español en sus peculiaridades regionales (gallego, catalán, andaluz, etc.) se convirtieron en el núcleo de la comicidad, en el sainete (género teatral popular que tuvo gran difusión en los años 30). Los diálogos más serios del inmigrante se convierten en cómicos en su lenguaje, como si su imperfección formal no pudiese tener contenidos serios. Sin embargo, en el momento en que hace la caricatura del interlocutor inmigrante, el argentino absorbe el lenguaje del otro.

Los italianismos se difundieron, al principio, en los estratos más bajos de la sociedad, contribuyendo al enriquecimiento del vocabulario "lunfardo". En la zona del Río de la Plata se da la tendencia a designar como lunfardo al lenguaje de los suburbios, o sea, la jerga de los delincuentes. Los barrios de Buenos Aires fueron el escenario donde se encontraron los gauchos que llegaban del interior y los inmigrantes europeos en busca de su primera ocupación. En estos lugares de marginación las dos culturas establecieron los primeros contactos y produjeron, al principio, esta forma de comunicación que tiene como su objetivo principal el de disimular las intenciones de quienes las practican. La estructura del lunfardo se nutre de la sustitución de sustantivos, verbos, adjetivos e interjecciones castellanas por términos, a los que les cambia el significado, provenientes del italiano, de sus dialectos, de las lenguas indígenas y hasta de palabras españolas. Un elemento auxiliar del lunfardo es el vesre, o sea, la pronunciación de las palabras cambiando el orden de las sílabas: tango es gotán, bacán es camba, viejo es jovie, cabeza es zabeca y así sucesivamente. Obviamente ese "idioma" no tiene reglas fijas y muestra un enorme dinamismo; la gente del hampa y los internos de las cárceles ensayan continuamente variaciones que, cuando tienen éxito y son aceptadas, se expanden a velocidad vertiginosa. Por lo tanto el lunfardo entendido como forma de comunicación entre delincuentes representó solamente una etapa de desarrollo de esta jerga que con el pasar del tiempo fue convirtiéndose en una lengua popular hablada por diversos sectores de la población.

La inmigración italiana dejó en las letras de tango y en las conversaciones de los argentinos un número considerable de vocablos de los dialectos peninsulares y del italiano. Los italianismos conservados con el mismo significado, o con una extensión del significado y con modificaciones en la grafía que adaptan aproximadamente la pronunciación de la palabra italiana al castellano, se ven en la siguiente lista. Es notable la forma directa, casi brutal y sin embargo muy eficiente con la que se castellaniza la palabra italiana: generalmente eliminación de las "dobles","sh" por "sc", "yi" por "gi", "ch" por "cc", agregado de una vocal ("es") para expresar la "s" inicial, vocal que se suprime casi siempre al final, a la manera de los dialectos del norte de Italia.

Un par de ejemplos de léxico italiano en el tango:

Estas, sin embargo, son simplificaciones del fenómeno y, como tal, peligrosas. El tango nace entre malvivientes, pero también entre gente honesta, entre los peones rurales expulsados del campo por la nueva organización empresaria de la estancia, donde la ganadería extensiva requiere menos mano de obra, y entre los miles de italianos y españoles que llegaron a Buenos Aires y a Montevideo.

Horacio Ferrer hace en su obra "El libro del tango" una inteligente distinción entre suburbio y arrabal. Hay -escribe este notable estudioso del tema- una palabra exacta para nombrar a las regiones bajas de una ciudad, a los aledaños que están fuera de la altura central bien ventilada, bien habitada, bien apellidada, bien edificada. Es una voz atenuada, dulce, si se quiere hasta piadosa. Sí, designa a la baja ciudad, pero toda vez que la habita el humilde de buena costumbre. Esa palabra es: suburbio. Ferrer contrapone suburbio a arrabal; Este término -explica- proviene del hebreo rabah, que significa multiplicarse, desbordar la ciudad, o del árabe arraba: extramuro. Al contrario de Suburbio- afirma el autor-, tiene esta palabra una misteriosa potencia fonética. Algo así como una oscura pólvora acústica que se gatilla en la erre, pega tres sordos estampidos en las aes, y fulgura como matando en la ele final: arrabal nombra, claro, el bajo urbano de la mala vida.

Los suburbios, entonces, eran los conventillos, los cuartos de pensión, las casas humildes donde se amontonaban varias familias, los lugares donde las madres cocinaban y lavaban la ropa y los padres tenían un estrecho lugar para echarse después del trabajo o de pasarse horas y horas buscando conchabo y donde los niños se reunían a jugar en las calles. Era en los suburbios donde vivía el inmigrante recién llegado pero dispuesto a hacer fortuna, y donde encontraba alojamiento el criollo trasladado a la capital. Eran Boedo, la Boca, la Concepción y Montserrat en Buenos Aires, y Goes, Palermo, Aguada y la Unión en Montevideo. Y las zonas portuarias en general de ambas ciudades, por supuesto.

Paralelamente a esta distinción, hay que diferenciar, como hizo Vidart, entre lunfardo y lunfardesco. En realidad, lo correcto es hablar de letras lunfardescas, escritas por autores que conocen muy bien el lenguaje y el ambiente, pero que sin embargo no pertenecen a él. En Buenos Aires el estilo lunfardesco tuvo importantes cultores en el periodismo, en la narrativa, en el teatro y en la poesía. En este sector, por el traslado de sus obras al tango, destacaron en los primeros tiempos Carlos de la Púa, Celedonio Flores, Bartolomé Aprile, Yacaré, Joaquín Gómez Bas y Julián Centeya. Esta forma de componer poesía tanguera ha permanecido a lo largo de las décadas y en la segunda mitad del siglo son de destacar las grabaciones de Edmundo Rivero -un apasionado del tema; con milongas y tangos lunfardescos y las obras en vesre, prosa y charla de Nyda Cuniberti, Roque Rosiuto Lomardi, Luis Alposta y Daniel Giribaldi.

Todos los autores citados testimonian que el lunfardo, mezclado con la cultura emergente del tango, se alterna y sustituye al castellano para hablar de las vicisitudes de la vida del pueblo en los barrios porteños. Entre ellos Nyda Cuniberti, es contestataria de la discriminación que sufren algunas mujeres en las letras de ciertas canciones ciudadanas, o escritas por los mismos poetas lunfardos; sus charlas y conferencias son apreciadas sobremanera en la Academia porteña del Lunfardo. Celedonio Flores, cuyos versos fueron como una radiografía moral del talante y de las actitudes del hombre del arrabal, describió los escenarios tangueros a través de un idioma rico y colorido, refinado y culto, mejorado con el uso perfecto del lunfardo.